miércoles, 25 de enero de 2017

¿Sabías que el quejarte aumenta tu pesimismo y negatividad?





Y no lo digo yo, ya que existen estudios que nos muestran que la mayoría de personas suelen quejarse una vez por minuto en una conversación común. Quejarse suele ser tentador porque nos hace sentir bien, pero al igual que como otras cosas placenteras no es beneficioso como fumar o desayunar medio kilo de tocino, pero veamos más de este tema.



Nuestro cerebro es muy eficiente y por ende no le gusta trabajar más de lo que le toca, por eso crea rutinas cuando una persona repite un comportamiento concreto, en este caso sería el quejarse; en ese momento las neuronas conectan unas con otras para facilitar el flujo de información. Cuando esto se hace rutina se vuelve parte del comportamiento en el futuro, y es tan fácil que así resulte que posiblemente ni nos demos cuenta de que lo estamos haciendo.

Y no es culpa de nuestro cerebro pues él nos ayuda cuando nosotras elegimos una actitud repetitiva hasta volverla parte de nuestra personalidad y esta puede ser positiva o negativa. Las neuronas trabajan, se juntan y sus conexiones se vuelven cada vez más permanentes, los científicos observan este proceso y dicen: “las neuronas que se disparan juntas permanecerán juntas”.

Quejarse de forma continuada hace que sea más probable que el cerebro recurra a esta conducta en el futuro, con el tiempo te das cuenta que es más fácil ser pesimista que optimista, independientemente de la situación o las circunstancias que esté pasando. El quejarse se vuelve un comportamiento por defecto y eso cambia la forma en que los demás te perciben pues parte de tu nueva personalidad negativa.

Pero el asunto es que aquí no acaba este mal hábito, pues el quejarse daña determinadas zonas del cerebro y esto según una investigación de  la Universidad de Stanford, donde encontraron que el hábito de quejarse reduce el tamaño del hipocampo, una zona del cerebro critica para el razonamiento y la resolución de problemas. Estos daños en el hipocampo suelen ser serios sobre todo si tenemos en cuenta que es una de las principales áreas que destruye el alzhéimer.

Cuando las personas se quejan, liberan la hormona del estrés llamada cortisol, esta hormona actúa en nuestra actitud poniéndonos en una posición de lucha o huida, provocando que el oxígeno, la sangre y la energía se concentren en los sistemas esenciales para la supervivencia inmediata. Un ejemplo del efecto del cortisol es la subida de la presión arterial y del nivel de azúcar en la sangre que nos preparan para escapar o defendernos.

El cortisol extra que se libera cuando alguien se queja con frecuencia afecta al sistema inmunológico y resulta que nos volvamos más propensas a tener el colesterol alto y a sufrir diabetes, obesidad o cardiopatías, incluso hace que el cerebro sea más vulnerable a los derrames.

Por eso debemos tener cuidado, pues los seres humanos somos muy sociales, nuestro cerebro tiende a imitar de manera natural e inconsciente el estado de ánimo que quienes nos rodea, en especial de aquellas con quien pasamos más tiempo. En este proceso juegan un gran papel las neuronas especulares, las cuales son la base de la capacidad para sentir empatía.

Entonces debemos ver esto de la misma manera que si estuviéramos hablando de una persona que fuma, no hace falta tener este hábito para tener las consecuencias perjudiciales, por eso debemos tener mucho cuidado de no pasar mucho tiempo con personas que se quejen de todo. Los quejicosos les gusta tener gente que se una a ellos en su fiesta de la compasión para poder sentirse mejor consigo mismos. La mejor forma es verlo de una perspectiva como si de un fumador se tratara, ¿te sentarías toda la tarde a su lado para convertirte en fumadora pasiva? Lo as seguro es que no, te alejarías por tu salud, de la misma manera no conviene pasar todo el día con alguien que se queja por todo.


Cuando necesites quejarte tienes dos opciones, la primera es intentar mantener una actitud de gratitud, es decir, si te provoca quejarte centra la atención en algo por lo que te sientas agradecida, en ese momento no solo estarás haciendo lo correcto, pues también reducirás la producción de cortisol que es la hormona del estrés en un 23%.

Esto tiene bases, pues en un estudio realizado por la Universidad de California en Davis en un grupo de personas que se esforzaban por mostrar una actitud de gratitud a diario, notaban que tenían mejor humor, más energía y bastante menos ansiedad debido a que sus niveles de cortisol eran más bajos.

Cuando tengas pensamientos pesimistas, puedes intentar cambiar de rumbo y pensar en cosas positivas, con el tiempo la actitud positiva puede convertirse en una forma de vida.

La segunda opción a la que solo se puede recurrir en caso que merezca la pena quejarse es quejarse con el propósito de buscar soluciones, para lograr esto tenemos que hacer lo siguiente:

Tener un objetivo claro, antes de quejarte piensa en el resultado que buscas, si no lo encuentras talvez solo quieres quejarte por quejarte y este tipo de habito es el que debes eliminar.

Empezar con algo positivo, talvez no es común empezar una queja con algún elogio, pero de esta manera evitas que la otra persona se ponga a la defensiva, es decir antes de quejarte por haber recibido una mala atención al cliente, deberías decir algo como: “Llevo mucho tiempo siendo cliente y siempre he estado satisfecha con su servicio, pero…”

Ser específica, cuando te quejes no te pongas a recordar situaciones o similitudes de cosas que pasaron hace un tiempo, hay algunas que recuerdan de años antes. Lo que debes hacer es hacer frente a la situación actual, ser todo lo específica que puedas. En lugar de decir “su empleado no me ha tratado bien”, describe con exactitud que ha hecho el empleado en cuestión para que te diera la sensación de que no te trataba bien.

Intenta acabar con algo positivo, si terminas una queja con “No voy a volver a comprar aquí”, quien este a tu alrededor no tendrá ninguna motivación para hacer algo al respecto, por ende solo te estas quejando con el único propósito de quejarte. En lugar de eso replantea tu objetivo y piensa que el resultado que buscas se puede lograr, por ejemplo, puedes acabar con un:”Me gustaría solucionar esto para que nuestra relación empresarial siga intacta”.

En otras palabras te estamos diciendo que así como los malos hábitos o vicios, el quejarse también resulta perjudicial tanto para el que se queja como para los que están alrededor, cultivar una perspectiva más optimista te brindara beneficios a largo plazo tanto a nivel de personalidad como emocional, repercutiendo en mejores rendimientos físicos y mentales.

Tienes similitud con alguno de estos casos, comparte con nosotras tu experiencia en los comentarios y sigue con nosotras en nuestras próximas publicaciones.


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